jueves, 6 de febrero de 2014

EFECTO DOMINÓ






Ellos hablaban esa noche de cómo caen las fichas de dominó una tras otra, del intermitente brillo blanco y negro, de la deliciosa música que producen al golpearse. Eran felices recordando ese sonido de marfil y el sutil armónico de metal que se mantiene flotando incluso unos segundos después de que todo haya acabado. El tipo del sombrero, dos mesas a la izquierda, sin apartar la mirada de su taza, musitó: “En realidad, eso sólo sucede en contadas ocasiones. Sólo si las piezas guardan entre sí la distancia oportuna. Sólo si las hileras están alineadas correctamente y los ángulos para tomar las curvas no sobrepasan los 30 grados”. Ellos se miraron y callaron. En ese silencio parecían estar prometiéndose, la Una al Otro, fingir no haber oído nunca al tipo del sombrero. Y siguieron hablando de cómo caen las fichas de dominó una tras otra, del brillo intermitente y de la música que producen al golpearse. Nunca volvieron a pronunciar las palabras cálculo, realidad, condiciones.

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