jueves, 21 de junio de 2012

Buscando traje para este funeral



Vestidos de astronautas, embutidos en trajes reflectantes, sonriéndonos a través del cristal de la escafandra, creímos que podríamos flotar por siempre, sin más campos gravitacionales que los que emitían nuestros cuerpos. Cuando nos instalamos en Marte, vestidos de seres verdes y viscosos, de criaturas extraterrestres, no pensamos que ningún meteorito fuese capaz de arrasar así nuestro planeta, que rodarían los trozos de belleza, impactando en el centro de la risa, y que nos quedaríamos tan quietos mientras saltasen los cascotes. No pensamos que tanta destrucción fuese posible. Despreocupados y felices, no creímos necesitar tener un búnker ni nos dedicamos jamás a almacenar provisiones, por si acaso. Admitámoslo, amor mío, no supimos ponernos a resguardo. Vestidos de animales que excavan en la tierra sus túneles larguísimos, acariciando nuestros pelajes suaves y calientes, creímos que las madrigueras que hacíamos juntando sobre el colchón plumas de oca, nos mantendrían a salvo de todo lo que acecha. Aún no sabíamos que un desfile de bestias nos pisaría siempre los talones, que las oiríamos fuera andando sobre la hojarasca, y  un viejo escalofrío recorrería nuestros cuerpos. Todos los fantasmas que desde siempre han vivido con nosotros buscaban ya el camino, seguían nuestro rastro. Vestidos de superhéroes, con capas rojas y trajes entallados de poliéster, endiabladamente sexys, creímos que los rayos de luz de nuestros ojos servirían para fundir en un segundo todos los metales, que seríamos capaces de derretir cualquier placa de hielo con los dedos. Vestidos de agua, pensamos que continuaríamos deslizándonos siempre. Vestidos de viento, creímos que podríamos volar a cualquier parte sin que nuestros pies tomasen nunca tierra. Vestidos de polvo, creímos haber excavado tan profundo, estar tan escondidos, que nuestros miedos nunca podrían alcanzarnos. Vestidos de fuego, pensamos que un solo roce sería suficiente para seguir ardiendo. Vestidos de exploradores, con camisas verde oliva y ridículos sombreros de ala ancha, escalamos nuestros cuerpos pensando que toda una vida no sería suficiente para alcanzar la cima. Y, cuando llegamos a la cúspide, ya no sabíamos vivir sin seguir ascendiendo; nos negamos entonces a observar la caída de la tarde y aceptar que, a veces, la quietud y la brisa pueden ser suficientes. Vestidos de hechiceros, danzamos desnudos sobre la hierba fresca, pronunciamos palabras imposibles alrededor de la hoguera y pensamos que aquel “abracadabra” nos salvaría siempre de la noche. Creímos que unos ojos-amuleto bastarían para protegernos del aullido de los perros salvajes, que las sonrisas que guardábamos a modo de talismán en nuestros pechos apartarían de nuestro amor toda amenaza. Vestidos de magos, con un esmoquin negro y una capa, creímos tener marcadas todas las barajas, conocer de memoria cada truco, que un toque de barita bastaría para seguir sacando sin tregua palomas y conejos. Vestidos de fiesta, yo envuelta en seda y tú con pajarita, pensamos que la música no iba a acabar nunca, que este suave vals iba a durarnos siempre. Pero todos los vestidos que supimos cosernos a la piel cuando nos dedicábamos a amarnos se apolillan ahora en los baúles. No sabemos mirarlos ya sin ver sólo disfraces. Y vestidos de ti, de mí, volviendo a calzarnos nuestros miedos, remendando el egoísmo y sus corazas, vestidos de distancia, de hielo, de silencio; vestidos de espina, de roca, de aspereza; mientras las heridas más viejas toman la palabra, nos vamos alejando. Nosotros, que entre todos los trajes que cosimos en estos seis años, no guardamos en el armario un vestido para estas ocasiones, no sabemos ahora con qué ropa acudir a este entierro apresurado, con la impresión de que todo nos va mal, de que nada es de nuestra talla. Nos toca buscar traje para este funeral, despedir al amor en su ataúd de cedro, diminuto, y decirnos adiós, vestidos de nostalgia.   

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vestidos de hechiceros, danzamos desnudos...
el unico error.. puedes verlo? es una contradiccion..
por lo demas.. eres genial y tambien hermosa. :)

Olalla Castro Hernández dijo...

Touché, "Anónimo"!
Aunque, en realidad, no es tan contradictorio como parece. La piel puede a veces ser también un vestido; uno que muda según los personajes en los que nos convertimos o que interpretamos en cada momento. Por tanto, se puede estar desnudo y vestido a la vez (en sentido metafórico, obviamente)...
Gracias por leerme y por tan generoso comentario. Anímate y sal del anonimato... ;)