lunes, 9 de marzo de 2009

ELLAS

Eva Cassidy: en su última actuación, cantaba el “Cheek to Cheek” abrazada a una guitarra y evitaba mirar a cámara cuando saltaban los flashes. Ángela Davis: en la fotografía color sepia, la mujer más hermosa del mundo alza el puño y sonríe; su cara, enmarcada en la redondez perfecta de su corte a lo afro, posee la misma fuerza de pantera que aún tienen sus palabras. Billie Holliday: aferrada a una botella y apoyando las caderas sobre un piano de cola, llora mientras canta. El público guarda tanto silencio que desde el palco puede oírse el sonido del mechero con el que la diva negra enciende un largo cigarrillo en mitad del solo de trompeta. Virginia Woolf: encerrada en su habitación propia, la escritora teje su prosa de doble filo, mientras se ve a sí misma atravesando la orilla del lago hasta hundirse dibujando ondas sobre la superficie del agua y ninguna imagen le parece entonces más poética. Ella Fitzgerard: una mujer oronda se seca el sudor en mitad de cada estrofa; quieta, deja salir las notas del “Summertime” por su enorme boca; mientras tenerse en pie parece costarle la misma vida, su voz clara se pierde en giros imposibles, como si tal cosa. Simone de Beauvoir: acompañando a sus mujeres rotas, disecciona las trampas de la felicidad burguesa, mientras le pide a Sartre que le traiga un té cargado. Emily Dickinson: una mujer con un vestido de algodón blanco pasea por los campos de Massachusetts con su pequeño cuaderno bajo el brazo. A la altura de un álamo, se sienta y escribe un par de versos (ningún cepo puede torturarme mi alma en libertad). Mujer anónima 1: frente al espejo, una mujer se sostiene los senos con ambas manos y observa las estrías de sus nalgas sabiéndose lejos de su juventud; la belleza, la única virtud que desde niña le fue reconocida, empieza a agriársele; mientras se pregunta con qué ojos la mirarán cuando el deseo deje de orbitar alredor de su cuerpo, una falda de terciopelo rojo y desgastado yace arrugada a los pies de la bañera. Mujer anónima 2: sentada sobre la cama, una mujer baja la vista y se detiene en sus manos ásperas y callosas, que sujetan el cheque mensual; se pregunta qué harán sus hijos al otro lado del océano y si la dejará dormir hoy tanta soledad. Mujer anónima 3: sentada frente a su PC, una mujer trata de convocar a un grupo de pensadoras, poetisas, cantantes, mujeres reales o inventadas, a una fiesta que se celebra a solas un 8 de marzo, en una habitación cualquiera, con ellas como telón de fondo y una invitación abierta a todas sus hermanas.

1 comentario:

nú. dijo...

Bueno, y porque no conocía tu blog? Me han entrado ganas de estar invitada en ésta fiesta de mujeres fantásticas. Aunque sea per la xarxa m'està agradant molt descobrir-te.
Sensibilitat i inteligència.

un petó

Núria, nú.