domingo, 1 de junio de 2008

TEXTO RESCATADO

Siempre discretamente felices, con nuestros dramas discretos de pequeño burgueses del S.XXI, de librepensadores de la izquierda que vela porque nada cambie, mientras se cuenta el cuento de vivir en pro de ideas fusiladas hace tanto. Siempre discretamente vivos. Andando de puntillas sobre el agua, para no hacer ruido, fingiendo que es por miedo a molestar y no por miedo a secas. Siempre escribiendo a medias, atendiendo a ratos a las voces que vienen de dentro para ensordecerlas siempre cuando empiezan a opinar más de la cuenta, para correr a los brazos de alguien y besarle y ver de reojo como mi sombra ahoga con la almohada al embrión deforme que di a luz ayer, mientras dormía. El feto nació otra vez con los ojos en blanco. Ya en mi vientre dejó de respirar. Y es que no sale nada vivo de mi teclear. Nunca supe engendrar vida a partir del silencio. Soy como la mujer-mojama que se seca en medio de ninguna parte, como un personaje de Coetzee, como el agujero vacío donde ni siquiera intenta entrar el aire. Estéril. Estéril ya, antes siquiera de haberlo intentado. Dialogando a escasos metros del abismo. Qué pessoano eso del diálogo entre voces, qué bajtiniano, incluso; qué manida la imagen romántica del abismo; cuán inteligente sería advertir la presencia de pronto de los otros aquí dentro. Y decir que suenan voces que se están contradiciendo y que no sé a cuál atender; que la herida de lo múltiple me atraviesa en mil sin darme tregua. Qué bello hablar de un manoteo en la oscuridad y de pequeñas, diminutas luces parpadeantes que se escapan de entre los dedos justo cuando creo que voy a agarrarlas. Pero lo cierto es que éste no es lugar para que aniden las luciérnagas y que no tengo nada que decir, sencillamente porque nadie habla aquí dentro. Silencio nada más. No me es dado ni el gozo del soliloquio al que me gustaba entregar mis horas muertas. Hace rato que me aburre hablarme a mí misma, que cargo con la sospecha de habérmelo explicado ya todo demasiado. No es el ruido de mil voces murmurando y la labor de desentrañarlas una a una e intentar la réplica perfecta, la síntesis al modo hegeliano. Es el silencio. La náusea (la real, no la existencialista, no la sartreana). La incomodidad. El dolor de cabeza. El teclear seco, inerte, de mis dedos. ¿Hasta cuándo buscar formas para decir que no se tiene nada en la cabeza excepto paja? ¿Hasta cuando dar carrete a esto, como si aún extrajera de ello algún tipo de placer? Entre tanta frase hecha, ¿para cuándo un hallazgo, una imagen, algo de poesía?

1 comentario:

LILITH dijo...

Guapa tu cabeza está llena de pájaros (como la imagen de tu blog) y cuando menos te esperes echarán a volar en un remolino y tú en medio, como loca ante el teclado...

Sé que no sirve de consuelo, pero yo he perdido las metáforas, y quiero que vuelvan ya!

te quiero sister!!

2 de junio de 2008 12:11