viernes, 6 de junio de 2008

A MENUDO

A menudo, ella pensaba en la salida al laberinto. Si aguzaba la vista, podía incluso verla al final de todos los recodos. Saber que estaba allí solía consolarla. Sin embargo, seguía entretenida en explorar pasajes que no conducían más que a nuevas encrucijadas, sólo por la curiosidad de ver qué había detrás de tanta falsa puerta, por saber si allí podría respirarse algo más que silencio. A menudo, soñaba con construir un refugio con todos los recuerdos que le quedaban, para no perderse nunca de sí misma, para tener, allá adonde fuese, un lugar en el que sentirse a salvo. A menudo, sacaba un puñado de caramelos del bolsillo y los miraba largo rato antes de comérselos, sólo por el placer de imaginar qué sentiría cuando se deshicieran en su boca. A menudo, odiaba los días en que nadie le daba una respuesta y el eco de sus propias preguntas llegaba a desquiciarla. A menudo, reía con casi cualquier cosa y escalaba por los rostros de sus hermanos, abrazándose fuerte a cada carcajada para curarse el vértigo. A menudo había guiños que llegaban a alguien, vasos comunicantes, pasadizos secretos de isla a isla, otros ojos a través de los que mirar el mundo con un aspecto nuevo. A menudo, había música sonando en su cabeza, melodías deslizándose por debajo de su piel, vibrando en cada hueco, amplificando sus ganas de cantar hasta romperse. A menudo había un poso de tristeza en la mirada, aunque no supiese a ciencia cierta por qué se había instalado entre sus ojos ni qué lo despertaba de repente. A menudo había nostalgia detrás de cada risa y miedo a no regresar nunca al lugar donde se ensancha el horizonte y todo vuelve a ser posible. A menudo había confusión, un gusto amargo que recordaba que seguían quedando tantos agujeros que jamás sería posible despistar al vacío, que estaba lejos y cerca al mismo tiempo, que ya nunca pertenecería del todo a ningún sitio.

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